Elián y los Necios

En abril de este año se cumplió el 39 aniversario del intento de invasión de Cuba patrocinado por EEUU, conocido como Bahía Cochinos. Este fue uno de los hechos, que junto al inicio del apoyo soviético a Cuba y la declaración del carácter socialista de la Revolución, dieron el pistoletazo de salida a uno de los conflictos más paradigmáticos de la guerra fría: el de los Estados Unidos y Cuba. El enfrentamiento entre ambos países, que continúa en la actualidad, ha conocido fases de diversa intensidad y ha abarcado diversos ámbitos: el ideológico -enfrentamiento entre capitalismo y comunismo-, el económico -materializado en la imposición de un embargo ilegal-, el político y el estratégico.

A lo largo de cuarenta años una serie de actores han tratado de monopolizar la cuestión. Entre éstos destacan el gobierno cubano, la administración estadounidense, el exilio cubano (principalmente el exilio de Miami más radical), .... Pero sobre todas estas cuestiones subyace un elemento emocional que se articula a través de sus discursos y actitudes. Éstos van desde el discurso nacionalista revolucionario cubano -basado en la resistencia a la metrópolis española primero y, posteriormente, al neocolonialismo estadounidense-, hasta el discurso basado en el tutelaje con fines anexionistas de las diferentes administraciones estadounidenses, que a través de acciones legislativas (desde la Enmienda Platt hasta la Ley Helms-Burton) han tratado de ejercer el control económico, político y militar sobre la isla , pasando por los discursos esgrimidos por los distintos grupos que componen el exilio cubano.

La caída del muro en 1991 dio un nuevo cariz al enfrentamiento. La política de bloques desaparecía y Cuba debía adoptar un nuevo posicionamiento ante una situación que prácticamente la aislaba. Se adoptaron medidas con consecuencias importantes. En lo económico, se legalizó el uso del dólar y se abrió la puerta a la inversión extranjera. Estas acciones han generado importantes efectos sociales y laborales, como la inversión de la pirámide laboral y la agudización de diferencias sociales, que comienzan a dar lugar a importantes tensiones. En lo político, destaca el reforzamiento del papel de los hermanos Castro y del Partido Comunista, que contrasta con el desencanto social existente respecto al régimen. En política exterior, el gobierno cubano ha realizado un viraje que se ha materializado en la normalización de relaciones con el resto de países iberoamericanos, exceptuando a El Salvador.

En el sistema cubano, de partido único, y donde en la práctica no existen mecanismos de expresión del descontento y con unas fracturas sociales cada vez más importantes, el caso Elián no ha sido desaprovechado. La Cuba oficial lo ha utilizado para movilizar a la población entorno al líder, que ha recurrido al nacionalismo y al sentimiento identitario como elemento cohesionador, prescindiendo del elemento ideológico (el socialismo) que probablemente no hubiera tenido el mismo impacto social. De nuevo, el elemento emocional aparece con fuerza en el contexto del enfrentamiento cubano-estadounidense. Se obvia de esta manera un problema de fondo, el de las condiciones de vida en la isla, que empujan a cientos de personas a abandonarla, en muchas ocasiones, arriesgando sus propias vidas.

El caso Elián ha puesto también de manifiesto las contradicciones existentes en los Estados Unidos. Por un lado, el doble rasero de la política migratoria estadounidense, muy férrea con los emigrantes mexicanos, hondureños, guatemaltecos, etc, que tratan de llegar al país para prosperar, y menos rígida con los cubanos. Según la ONG Vigilancia de los Derechos Humanos (observadora en Naciones Unidas) en los Estados Unidos son preocupantes '...las condiciones de reclusión y el trato de unas 16.500 personas detenidas diariamente por el Servicio de Inmigración y Naturalización (INS) en centros de detención y cárceles de todo el país. Son solicitantes de asilo, inmigrantes sin documentos, menores no acompañados, y personas detenidas después de cumplir penas; unas 3.500 están detenidas por tiempo indefinido'.

Por otro lado, la administración Clinton, que en los últimos años ha practicado una política que conjuga la tensión (ley Helms-Burton) con la distensión (vuelos comerciales entre ambos países, visitas de congresistas a la isla, acuerdos postales, etc.), se ha visto presionada -cuando no retada- por un poderoso lobby, el del exilio más radical de Miami, creado y fomentado desde el propio gobierno de los EEUU. Los grupos más radicales del exilio cubano encabezados por la Fundación Nacional Cubano-Americana han puesto en jaque al gobierno estadounidense en un momento político delicado por la proximidad de las elecciones, y han perdido. El exilio radical de Miami ha manifestado, con su actuación vergonzosa, la intransigencia e intolerancia de la que hacen gala y que prácticamente los descartan como interlocutores para la realización de una transición democrática pacífica en Cuba.

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